Luciano Bonanno tiene 19 años. Tras haber sido condenado por un robo se encontraba bajo prisión domiciliaria, pero ante la falta de pulseras electrónicas, era controlado con rondines policiales. Investigan si lo atacaron en el interior de su vivienda o en las afueras de los monoblocks. Sigue internado en grave estado.
El convicto de 19 años baleado en el barrio Centenario este lunes a la tarde se hallaba bajo arresto domiciliario pero sin monitoreo electrónico.
Mientras Luciano Maicol Uriel Bonanno permanece internado en grave estado en el Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA), la fiscal Constanza Mandagarán investiga cómo se produjo el ataque que el herido sufrió en la zona de México y General Roca. Una de las cuestiones que intenta determinar la instructora judicial es si el disparo que recibió en el pecho se efectuó en el interior de la vivienda en la que éste cumplía una condena o afuera de ella, en el espacio externo de usos múltiples para los habitantes de los monoblocks.
Según pudo saber LA CAPITAL, Bonanno había sido sentenciado hace casi dos meses a la pena de 4 años de cárcel por haber cometido dos asaltos en los que además intervino como su cómplice un menor. Tras un juicio abreviado en el que el imputado reconoció la autoría de los hechos, el magistrado Gustavo Fissore, del Tribunal Oral N° 4, homologó el acuerdo previo realizado entre el fiscal de Flagrancia, Leandro Arévalo, y la defensa.
Conforme la pesquisa, Bonanno había protagonizado dos asaltos consecutivos en la vía pública junto a otros delincuentes. En el primero logró robar un teléfono celular; en el segundo, el golpe se frustró. Ambos hechos presentaron la misma modalidad: actuar en grupo y mediante intimidación.
Todo ocurrió el 25 de octubre de 2024, alrededor de las 20.30, cuando Bonanno y otros dos sujetos -uno de ellos menor de edad y el restante prófugo- interceptaron a un joven en Santiago del Estero y Colón. Aprovechando la superioridad numérica, los atacantes lo intimidaron y le robaron su teléfono celular marca Motorola Edge 20 Pro, tras lo cual se dieron a la fuga.
Pero la secuencia no terminó allí. Minutos después, el mismo grupo volvió a actuar, esta vez en inmediaciones de Alberti y Tucumán, donde abordaron a otro hombre, con idéntica mecánica. En esa oportunidad, también mediante intimidación, le exigieron la entrega de su teléfono, aunque no lograron concretar el robo por razones ajenas a su voluntad, según quedó establecido en el fallo.
Para la Justicia, ambos episodios evidencian una misma lógica delictiva: ataques rápidos, en grupo y dirigidos a víctimas elegidas en la vía pública, con el objetivo de desapoderarlas de sus pertenencias bajo amenaza.
La causa avanzó mediante el mecanismo de juicio abreviado, en el que Bonanno admitió su participación en los hechos, lo que permitió dar por acreditada la autoría sin necesidad de un debate oral. En ese contexto, el juez Fissore consideró adecuada la pena acordada entre las partes y dictó una condena de cumplimiento efectivo, valorando tanto la gravedad de los hechos como las circunstancias personales del imputado.
Además, el magistrado tuvo en cuenta la buena voluntad del imputado para reconocer su responsabilidad en los hechos juzgados y, por eso, aceptó que recibiera la morigeración del arresto domiciliario. Sin embargo, como existía una demora para recibir la pulsera electrónica que garantizaba su monitoreo, ordenó que policías de la comisaría cuarta llevaran a cabo patrullajes aleatorios y visitas sorpresivas a su departamento del segundo piso de uno de los edificios del Centenario, para corroborar que no se hubiera fugado. En este marco es que, pasadas las 19 de este lunes, se registró el ataque en el que Bonanno resultó baleado, en circunstancias que ahora deberán ser esclarecidas.